Septiembre – 2020

Entrevista

“La sanidad madrileña está ahora peor que en el mes de febrero y deberíamos estar ya preparados”.

El último estudio de seroprevalencia ha concluido que alrededor del 5% de la población ha padecido el coronavirus. ¿Qué interpretación hace del dato? ¿le parece una mala cifra por ser aparentemente reducida?

Los datos que nos da el estudio de seroprevalencia son los que son, no son ni positivos ni negativos, son la realidad. Quizá matizar que ese 5% aproximado de seropositivos significa gente que ha desarrollado inmunidad detectable, puesto que, como ya se ha empezado a informar, existe otro tipo de inmunidad que no es detectable mediante los test serológicos para ver anticuerpos circulantes. En cualquier caso, la conclusión es que hay, al menos, un 5% de población que está inmunizada de momento y lo que tenemos que intentar deducir es que con ese 5% aproximado de población que está afectado en mayor o menor grado el estrés que ha producido en el sistema ha sido brutal. Eso es lo que hemos podido ver. Que el sistema no ha podido soportarlo y se ha llegado a unas condiciones extremas.

La realidad es que estamos asistiendo a un aumento continuado de brotes activos en España desde la ‘nueva normalidad’. ¿Entran dentro de lo previsible o la situación se torna cada día más preocupante?

Bueno, que era previsible que iba a ver rebrotes ya es conocido, y que esos rebrotes se confía en que no sean de la magnitud del primer brote que hemos tenido. Evidentemente, tenemos una ventaja con respecto a la primera oleada y es que ya conocemos mucho mejor la magnitud que puede llegar a tener la pandemia, su grado de contagiosidad y lo brusca que puede llegar a ser. Así que son mayores las probabilidades que tenemos ahora de contener, de aislar y de evitar que haya unos contagios indetectables y masivos como los que generaron ese pico tan brutal de meses atrás; es probable que ahora mismo estemos en condiciones de minimizarlo, paliarlo o que no llegue a ocurrir como fue. Pero lo que no sabemos es si esos rebrotes van a ser lo suficientemente importantes, porque, como decía en la anterior pregunta, si con un 5% hemos estresado el sistema hasta el máximo, esperemos que ahora no haya un 2% o un 3%, porque sería la mitad del dato primero, que ya era bastante malo.

Echamos de menos unos protocolos unificados y consensuados, que nos sirvan de manual de instrucciones para actuar todos al unísono ante un rebrote relevante.

Precisamente, ¿se están adoptando las medidas adecuadas? ¿Ha mejorado, como consecuencia del aprendizaje, la situación de la sanidad pública?

Partiendo de la idea de que esperemos que los brotes no sean de la magnitud de los anteriores, la percepción que tenemos en el Colegio, como representante de toda la profesión médica y más aún cuando hemos tenido una reunión la pasada semana con toda la sociedad científica de la Comunidad de Madrid, la percepción es que desde el punto de vista de los recursos humanos, de los profesionales, la situación es complicada. Los profesionales están muy desgastados, parcialmente desanimados, afectados, porque esto ha sido muy duro, y diría que hasta con miedo a que haya una situación similar a la anterior.

Desde el punto de vista estructural no tenemos capacidad en la sociedad para reponer e incluso para aumentar la dotación de recursos humanos para afrontar una oleada como la que hemos pasado. Y, desde el punto de vista profesional y protocolario, en cuanto a la previsión de cómo comportarnos, todavía echamos de menos, y eso es lo que hemos estado hablando esta semana en la asamblea de sociedades científicas, unos protocolos que estén unificados, consensuados, estandarizados y basados en la evidencia científica disponible, que nos sirvan de manual de instrucciones para actuar todos al unísono en caso de un rebrote relevante. Entonces, la conclusión es que, con mucha prudencia, pero estamos moderadamente preocupados.

Así pues, si llegásemos a una situación similar a la que acabamos de atravesar, ¿padecería el sistema de salud pública el mismo nivel de estrés?

Fíjese que cuando hablamos de estrés significa que hemos tenido que soportar una masiva afluencia de pacientes en estado muy grave a centros sanitarios, y un aumento de la demanda por la enfermedad en muy poco tiempo… El sistema sanitario es bueno, está bien dotado, tiene infraestructuras buenas, pero para lo que no está preparado es para soportar esa avalancha de asistencia sanitaria en tan poco espacio de tiempo. Si nos hubieran dicho que tendríamos que atender a varias decenas o centenares de miles de personas a lo largo del año hubiera sido una situación complicada, pero hubiera sido mucho más fácil de sobrellevar. Eso es lo que ha generado esta situación tan complicada, que en muy pocas semanas ha habido que atender muchísimos casos y encima con un cierto grado de desconocimiento, con una falta de material que ya es conocido, y, además, material que no era altamente sofisticado. Era un problema de abastecimiento y eso nos ha dado una lección en cuanto a nuestra capacidad de autoabastecimiento de materiales básicos, que también son importantes para este tipo de circunstancias.

Extraigo un par de conclusiones generales y rápidas: la ausencia de un protocolo consensuado, pero una aceptable disponibilidad de recursos. ¿Es así?

En cuanto a los recursos humanos, ya es conocida la escasez que existe, que se ha magnificado ahora porque el huracán ha dejado secuelas desde el punto de vista personal. Y en cuanto a los recursos estructurales, en el caso de la Comunidad de Madrid tiene una alta capacidad hospitalaria y de centros sanitarios, pero que cuando se les solicita ese sobreesfuerzo no tienen la suficiente capacidad de recursos. Esto es, por poner un ejemplo, como un restaurante con 50 mesas, podemos dar uno, dos o tres turnos a esas 50 mesas, pero si llegan 500 personas a la vez estamos perdidos. Entonces, es simplemente determinar qué recursos estructurales había. Evidentemente, hay que mejorarlos, y hay zonas del sistema sanitario que están obsoletas y necesitan una renovación, pero el problema fundamental ha sido la gran demanda.

Para lo que no está preparado el sistema sanitario es para soportar una avalancha de asistencia sanitaria en tan poco espacio de tiempo.

Los sanitarios han padecido una situación especialmente dramática. Ha habido un número considerable de médicos infectados y, desgraciadamente, fallecidos. ¿Qué conclusiones directas se pueden extraer de toda esta desgracia?

Desde el punto de vista anímico, que quizá haya sido lo más afectado, no estábamos preparados para actuar en condiciones de cooperación internacional dentro de nuestro país, es decir, estar haciendo de cooperantes, afrontando una epidemia en la que había una gran demanda y escasez de posibilidades de atención a toda la población, que estaba ocurriendo dentro de nuestro propio entorno, en nuestras ciudades, en nuestros pueblos, etc. Desde el punto de vista anímico, no estábamos preparados y ha dejado un cierto grado de afectación.

Desde el punto de vista profesional, tampoco estábamos preparados. España no es un país que esté acostumbrado a cuadros epidémicos tan masivos y, evidentemente, a pesar de que tenemos conocimientos en enfermedades infecciosas, no estábamos preparados para una oleada tan brusca. Desde el punto de vista técnico se ha hecho una esfuerzo, se ha improvisado, técnicamente los profesionales de la Comunidad de Madrid están altísimamente cualificados, y se ha tenido una capacidad de adaptación realmente envidiable, pero, obviamente, no estábamos preparados para trabajar improvisando, Estamos preparados para trabajar de una forma más protocolaria, más reglada, y esta situación tan atípica, tan propia de países en vías de desarrollo, en algunos aspectos ha dejado una afectación tanto anímica como profesional, porque de repente todo lo que teníamos estructurado se nos estaba viniendo abajo.

Lo que ha quedado patente ha sido el alto grado de implicación y profesionalidad de los sanitarios. Pero también parece haber quedado clara la falta de solidez de una parte de las estructuras del Estado. ¿Era más débil el sistema de lo que creíamos en realidad?

Bueno, como sociedad avanzada, como sociedad moderna y tecnificada, con acceso a bastante tecnología, estábamos más acostumbrados a actuar, desde el punto de vista sanitario, de forma preventiva, de detección precoz, y de programar las intervenciones que mejoran la calidad de vida, la supervivencia, etc. Esa ha sido la ventaja que teníamos como sociedad. De repente, nos hemos tenido que reconvertir y actuar en situación de emergencia sanitaria, algo para lo que no estábamos preparados. No somos una sociedad que esté acostumbrada a grandes catástrofes naturales ni una sociedad que esté acostumbrada a pandemias, hambrunas o epidemias. Y sí somos una sociedad que, desde el punto de vista sanitario, está preparada para hacer intervenciones a nivel sociosanitario, intervenciones de prevención, educación para la salud, de promoción y de planes de salud que se puedan ir programando en el tiempo y que puedan ir dando resultados óptimos sobre una población previamente sana.

Nos hemos planteado que tenemos que empezar a rediseñar una sociedad con unas condiciones nuevas.

Hablemos ahora de nosotros, los ciudadanos. ¿Estamos siendo lo suficientemente responsables o nos estamos relajando en exceso?

El ciudadano, en general, se ha comportado de una forma ejemplar, pero también es esperable una reacción muy parecida a la de los animales, que si no vemos el peligro de forma inmediata, próxima, palpable, tangible, nos relajamos. Así ha ocurrido. Durante la fase aguda, el comportamiento ha sido ejemplar, los ciudadanos han respondido muy bien, pero en el momento en el que hemos visto que la situación iba mejorando considerablemente pues la gente se ha relajado. Había una necesidad social de retomar una vida normal, de relacionarse socialmente, con los familiares, y como vemos que ya no hay una relación directa entre la relajación de esas medidas y la aparición de brotes próximos o de recaídas, la gente se lo toma un poco con más relajo, algo que es normal.

Por eso estamos desde todas las entidades relacionadas con la salud recordando que hay que ser muy prudentes e incidiendo, lo llevamos diciendo desde el principio, en la idea de que en las próximas décadas el futuro de la humanidad estará muy condicionado por las enfermedades epidémicas, por los microorganismos, los virus y las bacterias, porque de hecho ya hemos tenido oleadas previas que nos han avisado. Ya habíamos visto muchas veces venir a ciudadanos orientales de turismo a España y nos reíamos porque iban con mascarillas. Hemos pasado pandemias en los últimos lustros y parece ser que nos venían avisando.

Eso hace pensar que inevitablemente cambiará nuestro modo de vida…

Sí. De hecho en las distintas reuniones y foros en los que participamos los profesionales, como las relaciones que tenemos con las autoridades y la administración pública, ya nos hemos planteado que tenemos que empezar a rediseñar una sociedad con unas condiciones nuevas. Desde el punto de vista de las interrelaciones, tienen que ser distintas; desde el punto de vista del autoabastecimiento de materiales, tiene que ser distinto; desde el punto de vista del comportamiento social y sociosanitario, tiene que ser distinto, incluso el rediseñar los centros sanitarios y sociosanitarios. Hasta ahora no nos chocaba poder entrar a un hospital a visitar a un familiar, con un cierto relajo, eso habrá que replanteárselo.

Y, además, tenemos que tener en cuenta un condicionante extra, y es que los mediterráneos, los latinos, tenemos un comportamiento social distinto, la geografía y la demografía también son condicionantes, no hay más que analizar el propio mapa de España y el mapa del mundo para ver el comportamiento que ha tenido la pandemia, según la capacidad que tenemos de interrelacionarnos, de contactar, de las vías de comunicación, etc. Todos esos condicionantes vamos a tener que replantearlos y nos va a costar, porque el condicionante social y cultural va a ser difícil modificarlo, pero está claro que van por ahí los tiros.

Las sociedades desarrolladas han pecado de soberbia. Creíamos que estábamos mucho mejor preparados para contener un brote epidémico.

Más allá de poner nota, que no es la intención, ¿qué opinión le merecen las decisiones adoptadas tanto por el Gobierno central como por el de la Comunidad de Madrid?

Es un tema delicado. Aquí hay que tratar de ser relativamente comprensivos. Ha pasado en todos los países; y la sociedad más desarrollada, de la que formamos parte, ha pecado de soberbia. Creíamos que estábamos mucho mejor preparados para, en primer lugar, contener, y, en segundo lugar, para atender en el caso de que hubiera algún tipo de brote epidémico. Pensábamos que esto era propio de países menos desarrollados. Aquí ha habido un pecado de soberbia porque no pensábamos que el brote iba a ser así. Se ha actuado tarde, probablemente hay que entender también que las autoridades sanitarias si hubiesen hecho las medidas de contención 15 o 20 días antes hubieran sido tremendamente impopulares, tildadas de exageradas y, como esas medidas de contención hubiesen evitado parcialmente el pico de la epidemia, se hubiera terminado diciendo que al final se había demostrado que esas medidas habían sido innecesarias. Sin embargo, ahora, a toro pasado, es más fácil opinar. Entonces, hay que ser relativamente comprensivos, porque esto ha ocurrido en todos los países de nuestro entorno. Se ha actuado tarde, no había experiencia porque los países de nuestro entorno no están acostumbrados a actuar ante situaciones de emergencia sanitaria y producidas por epidemias, no es habitual. Desde el punto de vista sanitario, pues, hemos pecado de ese cierto grado de soberbia o de pensar que teníamos absolutamente todo controlado. Por esa parte hay que ser relativamente comprensivos.

Luego, quizá, a la hora de actuar, sí les hemos tachado de no haber visto que estábamos metidos en medio de una tremenda ola. Ya no se trataba de ser demasiado prudentes, y haber actuado de una forma mucho más agresiva en cuanto a la respuesta. Si hubiera sido así ahora mismo no estaríamos reconstruyendo lo que ha destruido este huracán que ha pasado por nuestra sociedad, sino que estaríamos preparando a la sociedad para posibles huracanes futuros, y es algo que no se está haciendo. Aquí sí quizá estamos siendo muy lentos. Se puede ser comprensible con la lentitud en actuar, pero no es comprensible que ahora mismo, faltando personal y estando las estructuras bastante afectadas, que no estemos así trabajando. Fíjese que ahora mismo estamos a casi mediados del mes de julio y la sanidad madrileña, que es la que conocemos más, no está como estaba en el mes de febrero, está peor, tanto desde el punto de vista de los recursos humanos como de estructuras. Deberíamos estar ya preparando unas trincheras específicas para posibles rebrotes, si los hay ahora, o posibles epidemias si vienen más tarde.

Nos llega a través de los medios una cantidad ingente de información sobre posibles medicamentos, avances farmacológicos, vacunas… ¿En que situación nos encontramos realmente? ¿Podemos ser optimistas?

Pues hay que ser muy prudentes y tener los pies en el suelo. Las enfermedades infecciosas producidas por virus tienen unos condicionantes distintos a otro tipo de microorganismos. Los virus tienen una tendencia importantísima para mutar, es decir, para cambiar su estructura que los identifica y, por tanto, el mismo virus con unos pequeños cambios convertirse en un virus nuevo para la siguiente oleada. Eso es algo muy importante. Por poner un ejemplo, en los seres humanos el ADN mitocondrial hace una mutación cada 10.000 años, por contra, todos sabemos que cuando nos ponemos la vacuna de la gripe, solemos revacunarnos cada año porque cada año suele haber cepas distintas, es decir, que el virus es una partícula que muta con cierta facilidad. Ese es el primer condicionante. En segundo lugar, las vacunas exigen unos tiempos para su fabricación, con el condicionante de que la vacuna que sirve para un virus puede que no sirva para la cepa siguiente. Y lleva unos tiempos que están estandarizados, que exigen probar, confirmar, que tienen seguridad, eficacia y eficiencia. Pero los dos primeros condicionantes, seguridad y eficacia, son necesarios. Lo podemos intentar acelerar, pero el trabajo hay que hacerlo.

En cuanto a los medicamentos, en general, y hasta hace muy poco tiempo, aproximadamente un par de décadas, los virus no tenían tratamiento farmacológico. Todos sabemos lo que ocurrió, por ejemplo, con la pandemia del Sida, que tardó bastante tiempo hasta empezar a aparecer medicamento. Entonces, desde el punto de vista farmacológico, disponer de una arsenal terapéutico es algo muy reciente y limitado, y para un grupo muy seleccionado de los miles de virus que existen, no para todos. Se suele orientar más la investigación hacia esos virus que son especialmente virulentos, valga la redundancia, y que son especialmente dañinos y somos menos proclives a la investigación para otro tipo de enfermedades que normalmente se pasan sin producir una enfermedad muy grave o dejar secuelas.

Desde el punto de vista de la vacuna, mucha prudencia. Desde el punto de vista del propio virus tendremos que tener paciencia y no ser demasiado optimistas, porque ya hay publicaciones sobre algunas mutaciones. Y desde el punto de vista farmacológico, del tratamiento específico, igual, ser prudentes, porque se han probado muchos fármacos y en la inmensa mayoría de los casos el resultado ha sido relativamente pobre o escaso, o no ha servido de nada. Y, por último, la peculiaridad de esta enfermedad, que no sólo es el efecto infeccioso del virus sino las consecuencias que se producen en el propio cuerpo, las reacciones de defensa las que producen los cuadros clínicos más graves. Enfermamos o incluso morimos porque nuestro cuerpo se convierte en un campo de batalla y esas armas que aparecen son también lesivas para nuestro propio organismo.