Septiembre – 2020

Entrevista

Entrevista coronavirus

¿Qué valoración hace del acuerdo suscrito en la UE sobre el Fondo de Reconstrucción?

Me parece una muy buena noticia que pone en evidencia que solos no podremos salir de esta crisis y que necesitamos más Europa. Es un desembolso sin precedentes que nos plantea una oportunidad inmejorable, no solo para hacer frente a esta crisis sino para aprovechar la coyuntura como palanca para hacer las reformas estructurales necesarias y hacer de nuestro modelo productivo uno más competitivo. Ahora, eso sí, lo que hay que hacer es aprovechar esta ayuda con criterios de eficiencia y transparencia.

Debemos cumplir con una serie de reformas que tenemos pendientes desde hace tiempo: el impulso de la digitalización y la innovación, la reforma de la formación y activar la industrialización.

Europa nos exigirá reformas a cambio de los fondos aprobados. ¿Cuáles serían las tres más urgentes desde el punto de vista de la CEOE?

En primer lugar, creo que, más que pensar en contrapartidas o condicionalidades para poder recibir los fondos europeos acordados, habría que entender que lo que se nos está pidiendo es responsabilidad como respuesta a un ejercicio de solidaridad. En ese sentido, lo que tenemos que hacer es, desde la ortodoxia económica y el rigor presupuestario, cumplir con una serie de reformas que tenemos pendientes desde hace tiempo y que harán que nuestra economía sea más competitiva y ofrezca una correspondencia a la necesidad de liderazgo de la UE.

Por concretar esas tres reformas, una evidente es el impulso de la digitalización y la innovación con mayúsculas. Actualmente, la inversión en innovación, por ejemplo, solo supone un 1,2% del PIB, cuando los acuerdos internacionales plantean un objetivo del 2% o hasta el 3%.

Después, esa innovación debe ir acompañada de una reforma en profundidad de la formación. Es un déficit estructural que arrastramos, pero también un elemento clave para mejorar nuestra productividad. Más aún, es un camino para impulsar la vocación empresarial.

Por último, la industrialización de un país es una garantía de competitividad, vocación exportadora y, en último término, de más empleo y de más calidad. España tiene que ser un país más industrializado y lograr, si es posible, que el peso de este sector sobre el PIB alcance o supere el 20%.

Por otro lado, esta crisis ha vuelto a ejemplificar la desventaja del tejido productivo español y la dificultad de nuestras atomizadas y ‘escuálidas’ pymes para alcanzar una mayor dimensión. ¿Qué medidas deberían aplicarse para aminorar esta situación y facilitar la buena dinámica?

El problema es que se trata de un objetivo al que hay que llegar de forma trasversal, con políticas que afectan tanto a la legislación fiscal, como laboral…Hay muchas que no pueden por cuestiones muy diversas. Requiere un diagnóstico en profundidad, más aún tras la crisis provocada por el COVID-19. No obstante, insisto en que el propio modelo productivo también tiene mucho que ver y que con más industria aumentaría el tamaño medio de nuestras empresas.

La unidad de mercado es fundamental para el buen funcionamiento de las empresas… Hacen falta menos leyes y más claras.

Y otra cuestión que consideramos trascendental. ¿Cómo ve la pérdida de unidad de mercado en España? ¿Cómo la recuperaría?

La unidad de mercado es fundamental para el buen funcionamiento de las empresas, para poder desarrollar su actividad de forma más eficiente y con mayor seguridad jurídica. No obstante, es otra de esas cuestiones que afectan a muchos ámbitos, pero por destacar uno, la proliferación normativa no ayuda en este sentido. Hacen falta menos leyes y más claras.

Centrémonos ahora en la gestión económica que el Gobierno de España ha planteado frente a la crisis. ¿Cómo la definiría? Hay quién crítica a la CEOE por mantener una postura excesivamente complaciente.

Creo que en todo momento hemos demostrado lealtad institucional, pero sin dejar de defender y sin escatimar esfuerzos de cara a los intereses de las empresas. No creo que se pueda definir la gestión de una crisis de esta envergadura con una sola palabra, entre otras cosas porque tiene muchas dimensiones, como la sanitaria, la política o la económica.

Los empresarios no entramos en política y, en lo que nos afecta, que es sobre lo que opinamos, consideramos que ha habido buenas decisiones, como las facilidades para aplicación de los ERTEs o los mecanismos de liquidez a través de los avales públicos. Otras cuestiones nos han gustado menos.

En algunos momentos, hemos sentido una pérdida de confianza o una desatención del diálogo social, pero desde luego no saldremos de esta desde la crítica, sino desde el trabajo conjunto y la colaboración.

En realidad, ¿qué habría pasado si no contáramos con el paraguas de los ERTE para guarecernos de la tormenta que ha ocasionado la Covid-19?

Pues que a estas alturas podríamos tener tres millones de parados más respecto al inicio de la pandemia. Ha sido un salvavidas fundamental y por eso hemos defendido que se trata de un mecanismo que debe acompañar a las empresas, en condiciones de flexibilidad, hasta que la actividad haya vuelto a la normalidad, en la medida de lo que es posible.

Garantizar la liquidez a las empresas y la flexibilidad laboral siguen siendo medidas incuestionables…

Sí mientras no podamos decir que la crisis ha terminado en todos los sectores. No todas las actividades ni todas las empresas han sufrido por igual los efectos económicos del COVID-19. Unos se irán recuperando antes y otros después, como es el caso evidente del turismo. Por eso, reitero que debe imperar la flexibilidad, para que estos mecanismos supongan un soporte para aquellos que lo sigan necesitando. Cuando decimos que no podemos dejar a nadie atrás hay que pensar también en las empresas y en sus trabajadores.

Una subida de impuestos en este momento sería un grave error, no haría sino poner más palos en la rueda de la recuperación.

¿Se puede permitir España una subida de impuestos en estos momentos?

Sería un grave error. No haría sino poner más palos en las ruedas de la recuperación, puesto que supondría un esfuerzo añadido para muchas empresas que, de hecho, aún siguen necesitando ayudas públicas.

Esta va a ser una crisis más profunda que la de 2008, según la previsión del FMI, aunque esperemos que más corta en su duración. ¿Confía en que se conserve la paz social o cree que podemos ir a un escenario de huelgas y protestas, como ocurrió en la crisis anterior?

Como empresarios no tenemos intención de renunciar al diálogo social en ningún momento. Si todos somos capaces de negociar y alcanzar acuerdos seguro que las decisiones que se tomen serán las que recojan los principales intereses de las empresas, los trabajadores y de la Administración. En un escenario así debería haber paz social y, sobre todo, avances en el bienestar, que es de lo que se trata.

El teletrabajo no es un derecho del trabajador, sino que emana de la empresa la organización de las plantillas, como un elemento más de cuantos se discuten en los convenios colectivos.

Por otro lado, ha cuestionado públicamente el anteproyecto de ley del trabajo a distancia por desequilibrado y apartado de la realidad. Si asumimos que el teletrabajo ha llegado para quedarse, ¿cómo debería enfocarse esta realidad? ¿qué proponen?

El proceso está abierto en estos momentos así que permítanme que no de tantos detalles, pero básicamente consideramos que el teletrabajo es un gran complemento para el trabajo presencial. De un lado, el contacto humano seguirá siendo imprescindible, entre otras cosas, para dar sentido a las empresas y estrechar los lazos laborales; pero el teletrabajo nos hará más eficientes también, y productivos. Además, es una herramienta más para hacer de esta economía algo más sostenible.

Dicho esto, dada la gran variedad de sectores y empresas, es lógico que sea algo que deba situarse en el ámbito de la negociación colectiva, para que empresas y trabajadores dibujen de mutuo acuerdo el perímetro del teletrabajo. En todo caso, no se trata de un derecho del trabajador, sino que emana de la empresa la organización de las plantillas, como digo, como un elemento más de cuantos se discuten en los convenios colectivos.

La patronal siempre ha contado con el apoyo de la Casa Real. ¿Le preocupa el deterioro que pueda sufrir la institución como consecuencia de los escándalos que ensucian la figura del rey emérito?

No voy a entrar en cuestiones ajenas a la organización que represento. Solo diré que, desde la óptica de los empresarios, el papel que juega la Casa Real como embajador de España y facilitador de la labor comercial de las empresas en el exterior, es fundamental.