Septiembre – 2020

Entrevista

Entrevista coronavirus

Llevamos meses hablando de noticias falsas, manipulación, falta de credibilidad… Parece que con la pandemia y con esta terrible crisis ha recobrado protagonismo el mal de la desinformación y un cierto ataque a la libertad de los medios. ¿Lo ve también así? ¿Cómo interpreta esta situación?

Yo creo que la desinformación es uno de los grandes problemas que tenemos hoy en día en el mundo de los medios y también en relación con la sociedad y con nuestro papel fundamental de difundir información veraz. Ese es un principio imprescindible en el periodismo, lo dice nuestro código deontológico y lo dice también el artículo 20 de la Constitución sobre la libertad de expresión. Creo que la desinformación ha crecido de una manera exponencial, facilitada por las redes sociales, donde no hay, obviamente, un control de calidad como lo puede haber en un medio de comunicación tradicional. Esa desinformación es mucho más grave en una situación como la que estamos viviendo con la pandemia del Covid porque aquí estamos hablando de cuestiones de salud, estamos hablando de cuestiones de vida o de muerte. En este sentido, la sociedad necesita recibir una información veraz, verificada y contrastada, que es una de las grandes obligaciones de los periodistas y de los medios. Todo lo que no se haga de esa manera es un periodismo malo, es un periodismo perjudicial para la sociedad porque no informa adecuadamente.

Lo que nos ha enseñado esta crisis es que más que nunca los ciudadanos necesitan que les orienten, que les aclaren, que les digan qué está pasando, qué está ocurriendo, cómo va a afectar a sus vidas, qué es lo que necesitan saber. Ahí, los periodistas jugamos un papel fundamental. De hecho, nos han reconocido como servicio esencial. Para nosotros, antes de ese reconocimiento, el periodismo ya era un bien esencial, un bien básico que la sociedad necesita. La desinformación lo que hace es debilitar todos estos principios y, en algunos casos, anularlos; y permite además la manipulación con la difusión de bulos, de mentiras, de medias verdades. Una falta de transparencia que es la que más exige la sociedad en situaciones de crisis, que seamos claros, que orientemos y que digamos qué es lo que está pasando y cómo afrontarlo. La desinformación anula todo esto. Es un elemento que se ha convertido en los últimos años como uno de los factores que más debilita la democracia. No cabe ninguna duda, y lo he dicho en varias ocasiones, una sociedad desinformada es una sociedad sumisa. Una sociedad que toma sus decisiones basada en engaños es una sociedad que tenderá a equivocarse. Nosotros, como periodistas, tenemos que afrontar este problema con decisión y con claridad. Vamos, entonces, a contrastar, vamos a orientar a la sociedad sobre lo qué está pasando y sobre lo que les va a afectar en sus vidas.

La mejor manera de afrontar las noticias falsas, la manipulación, los bulos y las mentiras es a través de la educación. La educación es fundamental.

Y para eso resulta fundamental educar a los jóvenes y a los mayores, los más vulnerables frente al problema de la desinformación, en el uso de los medios y de la información. ¿Se ha planteado eso desde FAPE?

Aunque sea un tópico me alegro de que me hagas esta pregunta y te voy a decir por qué. Desde hace dos años, la FAPE viene solicitando al Ministerio de Educación que se implante una asignatura de alfabetización en medios de comunicación. Una asignatura que enseñe varias cosas. Vivimos en la era de la comunicación, entonces que enseñe a comunicarse y que enseñe también a cómo analizar los medios, a cómo distinguir la verdad de la mentira, a cómo distinguir lo que es falso de lo que es verdadero. Es absolutamente imprescindible una asignatura de este tipo que permita a los jóvenes manejar las redes, manejar la información que reciben, saber quién le está mintiendo quién le está manipulando. Consideramos que la mejor manera de afrontar las noticias falsas, la manipulación, los bulos y las mentiras es a través de la educación. La educación es fundamental. Si empezamos a una edad determinada a educar y a alfabetizar en medios, a aprender a comunicarse, vamos a facilitar unos conocimientos imprescindibles para que los jóvenes puedan tomar sus decisiones de una manera consciente, con mayor conocimiento y, al mismo tiempo, para que no se equivoquen, que sepan qué se está jugando y quién trata de engañarles.

Efectivamente, es una cuestión imprescindible. Pero también estamos viendo un aumento de los ataques a los medios y a los periodistas, de la proliferación de obstáculos, por ejemplo, en el resultado de ciertas ruedas de prensa ¿Se corre el peligro de que aumente el control sobre la labor de los medios?

Lo primero que hay que decir es que en España hay libertad de expresión. Hay libertad para opinar y para criticar y para manifestarse. Y, desde luego, estamos viviendo el periodo más largo de la historia de España con libertad de expresión. Lo que sí hay son ciertas amenazas, ciertos riesgos que nosotros hemos denunciado en varias ocasiones porque veíamos que si no denunciábamos y salíamos al paso de estas amenazas la situación se iba a complicar mucho más. Viene desde las ruedas de prensa sin derecho a preguntas, que ahí empieza todo. Con lo que se evita la rendición de cuentas. Cuando el político decide hacer una declaración y no permitir preguntas. Luego se va arrastrando el problema, porque ya no era solamente el político el que hacía esta mal llamada rueda de prensa sin preguntas, sino que luego sería el deportista, luego un artista… se empieza a extender eso y nosotros protestamos y denunciamos. Más tarde vino la aparición, el año pasado, de un partido, como es Vox, que directamente vetaba y prohibía el acceso de periodistas a sus actos. Era un problema evidente para la rendición de cuentas a la que están obligados los políticos. Luego vino la exclusión de periodistas de actos institucionales, como fue la presentación del acuerdo de coalición entre el PSOE y Podemos. Y, así, llegamos a la política informativa de Moncloa con el Covid-19, y empezamos con el hecho insólito de que fuese el propio secretario de Estado de Comunicación el que decidiera qué medios podían preguntar y él leía las preguntas de esos medios, es decir, él era el que seleccionaba esos medios y el que, consecuentemente, seleccionaba las preguntas. Nosotros, junto a la Asociación de la Prensa de Madrid, iniciamos una campaña muy fuerte, protestamos a Moncloa, dijimos que eso era intolerable, que era una vulneración del libre ejercicio del periodismo, pilar fundamental de nuestra democracia. Al final, Moncloa, forzado por las presiones, accedió a cambiar el sistema de preguntas.

Ahora estamos con el problema de la prohibición a los fotoperiodistas para que puedan acceder a los entrenamientos de los equipos de fútbol y todavía no se sabe realmente si van a poder acceder a los estadios para cubrir los partidos. Creemos que estamos en la misma historia, como servicio esencial a la sociedad no se nos puede cortar la posibilidad de acceder a esa información. A todas estas situaciones se une también algo que detectamos en las últimas semanas que es la señalización de determinados periodistas, que no gustan a los partidos por la razón que sea, entonces lo señalan, lo que los pone en riesgo porque dada la situación de polarización y de tensión que vive el país, señalar a un periodista, identificarlo y ponerlo en la diana puede ser un riesgo para su integridad física. Así pues, sumados todas estos elementos, nos preocupa muchísimo y estamos muy vigilantes. No vamos a permitir que esta situación avance y que se siga vertiendo amenazas contra la libertad expresión.

El Covid ha puesto todo patas arriba otra vez. Es un golpe durísimo… Apoyamos que el Gobierno establezca un plan de ayudas a los medios.

Y a la desinformación y a las amenazas a la libertad de prensa se une la eterna precarización de la profesión. El tercer gran problema. Porque esta nueva crisis ha vuelto a poner a muchos medios en la cuerda floja. Desde la FAPE habéis solicitado al Gobierno un necesario paquete de ayudas, ¿en qué se concretan?

Venimos de una etapa muy dura. Parecía que nos empezábamos a recuperar. En algunos medios, incluso, había habido mejoras salariales, se había frenado el recurso a los EREs y a los despidos, parecía que se había frenado la terrible crisis que sufrimos. Ahora el Covid ha puesto todo patas arriba otra vez. El desplome de la publicidad ha sido tremendo. Los datos de abril de Infoadex, que es una de las organizaciones que más información tiene del mercado publicitario, habla de un 50 por ciento generalizado de caída, más acusada en los medios de papel, con más del 60 por ciento. Es un golpe durísimo.

Nosotros trabajamos en dos vertientes. Por un lado, hemos apoyado la demanda de los editores para que el Gobierno establezca un plan de ayudas, un plan de choque. Y, por otro lado, estamos vigilando para evitar el riesgo de que los ERTEs se conviertan en EREs definitivos. La situación es muy seria. El Covid además a pillado a los medios en plena transformación hacia el pago de contenidos. Ya los medios habían llegado a la conclusión, seguramente un poco tarde, porque en otros países ya habían llegado hace unos años, de que la publicidad no mantenía ya las redacciones, sobre todo porque las grandes plataformas de internet se llevan el 70 por ciento de la publicidad, que es un 70 por ciento que se ha restado a los medios. Entonces, sabiendo que ya no llega para mantener las redacciones, han pasado a implantar lo que se llama muros de pago. Ahora, la cuestión fundamental es si esa transformación se va a acelerar o si, por el contrario, ya no va a dar tiempo y el desplome de la publicidad va a arrastrar a la desaparición de medios o a que los medios hagan nuevos ajustes de plantilla, despidos que convertirían las redacciones en verdaderos eriales. Las redacciones ya están reducidas suficientemente como para ahora volver a emprender otra etapa de despidos y de EREs, porque entonces no se quién va a hacer el periodismo, no se quién va a hacer la información. Estamos pendientes de sí es verdad que se establece un plan de choque para apoyar al periodismo como servicio esencial de la sociedad, porque sin periodismo la democracia queda coja, se debilita.

Porque sin redacciones adecuadas difícilmente se podrá hacer información fiable, veraz y contrastada.

Además, tú ahora tienes que convencer a la gente de que pague por los contenidos. Tienes que convencerla. ¿Cómo la convences? Sólo con el periodismo de calidad, sólo con una información de calidad, con una información que le sirva para saber qué está pasando, para saber cómo le afecta a su vida, para saber cómo afrontarlo, cómo enfrentarse a ello… Eso se hace con una información de calidad, que es la verificada, contrastada, sujeta a una normas éticas y deontológicas… Si tú no eres capaz de ofrecer esa información de calidad yo no veo que los ciudadanos y los lectores vayan a estar interesados en pagar por esos contenidos. Tenemos un grave problema. Si seguimos reduciendo las redacciones y no vamos a ser capaces de ofrecer ese servicio de calidad, yo no sé quién va a querer pagar por esos contenidos, que no son de calidad, porque no se puede hacer contenidos de calidad con una redacción mínima. Es una pretensión absurda. No se puede.

La solución pasa por contratar más periodistas y tenerlos dignamente pagados. Más periodistas y mejor pagados significa periodismo de calidad.

Hablando de muros de pago, de la saturación del mercado publicitario y del pagar por ver contenidos, que, por otro lado, ya plantearon hace años ciertos medios internacionales, ¿qué han aprendido los medios de estas crisis?

Sí, pero hay que ver qué pasa en algunos de esos medios internacionales. Por ejemplo, se pone al New York Times como paradigma. Pues bien, el NYT empezó a contratar más periodistas. Redujo la plantilla en su momento, durante la crisis del 2008, pero para convencer a la gente del pago por contenidos contrató a más periodistas. Si en España, que es el riesgo, tenemos la tentación de convertir estos ERTEs en EREs estamos haciendo el camino contrario a lo que se está haciendo para mostrar un ejemplo de éxito. Contratar más periodistas y tenerlos dignamente pagados, porque no se puede tener a periodistas a 500 o a 600 euros, tienes que darles la oportunidad de hacer un plan de vida, sobre todo a los periodistas que se están incorporando, que son periodistas jóvenes. Entonces, es evidente la combinación de esos factores, más periodistas y mejor pagados es periodismo de calidad. Durante la crisis pasada los medios se dedicaron a despedir plantilla, no hicieron otro tipo de enfoque, pero es que ahora cuando las plataformas digitales acaparan el 70 por ciento de la publicidad ¿cuál es la alternativa? La alternativa es que hay que buscar financiación por otro lado, tiene que llegar porque la gente pague por tus contenidos. Los contenidos, tengas una redacción pequeña, mediana o grande, cuesta mucho hacerlos. El periodismo cuesta mucho hacerlo. Tienes que invertir en material, tienes que invertir en desplazamientos, en salarios, cuesta mucho hacerlo y hacerlo bien cuesta más.

¿Y otros retos y desafíos a los que a medio plazo vayan a enfrentarse los medios?

Yo creo que los medios se enfrentan también a cambiar el modelo de periodismo que se está haciendo. Desde mi punto de vista, en España uno de los grandes defectos del periodismo es que estamos más pendientes de las declaraciones de los políticos que de sus hechos, que de lo que hacen y de las consecuencias de lo que hacen. Ese es el cambio fundamental que hay que hacer. Esto es lo que hay que recuperar. ¿Qué es lo que le interesa a la gente¿ ¿lo que declara un político o lo que hace? Yo creo que a la gente le tiene que interesar más lo que hace, y más ahora.

Yo creo que la gente en esta crisis, en la que ha estado buscado información masivamente llevada por la preocupación y la inseguridad, a lo mejor ha comenzado a hartarse de tanta declaración que no se corresponde luego con los hechos ni con las consecuencia de lo que se hace. Tenemos que volver a centrarnos en eso. Insisto, para hacer eso tienes que tener buenos periodistas que puedan hacer ese trabajo de verificar, contrastar y de investigar qué es lo que ha hecho este Gobierno y cuáles son las consecuencias de lo que ha hecho. Yo creo que eso tiene que ser un cambio importante que tiene que haber. Y, otra cuestión fundamental, debemos abandonar tanta politización. La información no tiene que estar tan politizada y el trabajo de los periodistas, tampoco. Los periodistas no tienen que apuntarse a la polarización y a la tensión entre los partidos, entre los líderes políticos. Hacer una crítica constructiva, cuando es positiva, positiva; y cuando es negativa, negativa.

Una ideologización cada vez más extendida y que condiciona la propia acción de los medios de comunicación.

Y que impide contextualizar los hechos. A la gente tienes que darle la información contextualizada para que la pueda entender y para que la pueda asumir de cara a las necesidades que tiene.

Me da la impresión de que algunos medios no van a subsistir. El hundimiento de la publicidad es tremendo, y eso les deja en una situación de extrema debilidad.

Pese al paisaje complejo y complicado que describe, ¿es optimista de cara al futuro?

Para los medios y para los periodistas los próximos meses van a ser difíciles. Y yo seré optimista cuando vea qué es lo que van a hacer los editores y qué decisiones van a tomar en relación a los periodistas; si los ERTEs se van a convertir en EREs definitivos, si va a haber despidos… Me da la impresión de que algunos medios no van a subsistir. El hundimiento de la publicidad es tremendo y acusadísimo, y eso deja a los medios en una situación de extrema debilidad.

Sí, pero esas ayudas de Gobierno, como algunos profesionales denuncian, podrían aumentar el control y perturbar la integridad y la independencia de la labor periodística.

Eso es evidente, pero es como decir que la publicidad perturba también el trabajo periodístico y condiciona las líneas editoriales. Es decir, si es un servicio esencial, como ha sido considerado, hay que protegerlo. Yo creo que proteger al periodismo es proteger a la democracia. Yo no quiero medios que dependan única y exclusivamente de la voluntad de un político, que les regale unas subvenciones… Si hacemos un análisis objetivo de la situación vemos que al igual que otros sectores de la sociedad, del grupo de los de servicio esencial, el periodismo también está sufriendo por culpa de la pandemia, con lo que se justificarían unas ayudas. Es muy bonito decir que el periodismo es un servicio esencial, pero luego lo abandonamos a su suerte y que se apañen ellos.

Además, los planes de ayuda y de choque no son originales nuestros. En la época de la anterior crisis, el Gobierno francés no tuvo ningún problema en ayudar a la prensa; incluso en Estados Unidos está abierto el debate sobre si el Estado debe ayudar a los medios de comunicación a subsistir, en un país donde esos temas son tabú, es un debate que está abierto. En Italia ya ha habido ayudas. Si la prensa es un servicio esencial, si la prensa es imprescindible en la democracia, si la prensa y el periodismo son un pilar constitucional no veo que haya ningún resquemor a que el Estado apoye, ayude libremente y de forma independiente, con criterios objetivos y no con criterios de partido.