Septiembre – 2020

Entrevista

Entrevista coronavirus

Finales de mayo. Conforme a los datos oficiales, hemos superado los 27.000 fallecidos y nos acercamos a los 238.000 contagiados. Esto está siendo muy crudo. De una dureza inesperada.

Casi ningún profesional sanitario pensó que se enfrentaría a una emergencia como esta en su vida. El coronavirus ha paralizado el mundo entero, ha cambiado la forma de vivir, de relacionarnos y ha tenido una alta mortalidad, especialmente entre la gente mayor. Personas que se han ido antes de tiempo y han fallecido en soledad o sin acceso a un respirador en las semanas en las que se colapsó el sistema sanitario. Había muchos expertos que avisaban de que podría llegar una pandemia, siempre se habló de la gripe, hubo otros patógenos que causaron menos estragos y finalmente ha ocurrido y nos hemos tenido que enfrentar a ello.

En todo caso, y pese a la evidente mejora de la situación, habrá que ir con especial cautela. Ahora más que nunca debemos ser más cuidadosos y responsables. ¿Qué mensaje lanza desde el Consejo de la Enfermería?

Resulta fundamental no bajar la guardia hasta que no haya una vacuna eficaz, y para eso faltan muchos meses -y habrá que ver el grado de inmunidad que otorga-. Mientras el virus circule la población debe obedecer las normas de distancia social e higiene, esto último es fundamental.

Por parte del sistema, esperemos que una nueva oleada no nos vuelva a pillar desprevenidos. Se ha tomado nota y hemos aprendido sobre la marcha. Quiero pensar que las próximas oleadas de esta infección, o de otras posibles, no tendrán las mismas consecuencias que estamos lamentando ahora.

Ha habido una grave falta de previsión por parte de las autoridades sanitarias y una carencia de material que ha facilitado el contagio entre los profesionales y también muertes en sus filas.

No se trata de buscar culpables, pero ha asegurado en más de una ocasión que las manifestaciones, eventos y encuentros que tuvieron lugar en esos primeros días de marzo favorecieron, sin lugar a dudas, la propagación del virus.

A las instituciones sanitarias se nos pidió cancelar todo tipo de eventos científicos programados una semana antes que los eventos masivos del 8-M. Quizá debieron cancelarse dada la demostrada capacidad infectiva del coronavirus. No sabemos en qué medida influyeron, para ello hacen falta detallados estudios epidemiológicos, lo sabremos en un futuro, pero está claro que la aglomeración de personas en aquellos días, sin ningún tipo de equipo de protección -como mascarillas- y sin medidas higiénicas, tuvo que influir de algún modo en la expansión de la epidemia.

La realidad ha sido el alto número de contagios entre los profesionales sanitarios. ¿Cómo han afrontado esta situación tan crítica?

Llevamos meses denunciando que nuestras enfermeras estaban enfrentándose al virus desprovistas de armas. Hemos visto cómo se fabricaban los equipos de protección individual con bolsas de basura, tenían las mascarillas más tiempo del aconsejable, compartían equipos… Ha habido una grave falta de previsión por parte de las autoridades sanitarias y una carencia de material que ha facilitado el contagio entre los profesionales y también muertes en sus filas. También legaron luego equipos defectuosos y ha habido errores, comprensibles, pero intolerables.

Según una encuesta interna, hasta 75.000 enfermeras habrían experimentado síntomas compatibles con COVID-19 hasta mediados de abril. Está claro que hay muchos más contagios entre sanitarios de los que reflejan las cifras oficiales. Y, por otro lado, están las dificultades para hacer los tests y PCR, tanto a profesionales de la salud como a la población en general, que ha dificultado un mayor control de la pandemia.

Las enfermeras lloraban al llegar a casa de la impotencia de perder a pacientes recuperables en otras circunstancias y con el miedo de contagiar a sus familias.

Dicho lo cual, entiendo que han recibido y estarán recibiendo numerosas denuncias y quejas por parte de los profesionales de enfermería.

Así es. En nuestra encuesta, ocho de cada diez decían no haber contado con los equipos de protección necesarios. Ha habido un gran sufrimiento físico y psicológico. Las enfermeras lloraban al llegar a casa de la impotencia de perder a pacientes recuperables en otras circunstancias y con el miedo de contagiar a sus familias. La entrega de las enfermeras, en la primera línea de la lucha contra el virus, nunca será suficientemente valorada. Han cumplido con su deber en las peores condiciones y es algo que la sociedad nunca debería olvidar.

Llegados a este punto, ¿qué es lo que han demandado con más insistencia al Gobierno y, en especial, al Ministerio de Sanidad?

Lo que hemos demandado al Gobierno y, en concreto, a Sanidad en concreto es que se protegiera la vida de los trabajadores sanitarios, que estaban dando su salud por la de los demás. Hemos pedido equipos de protección individual suficientes y de calidad, así como la realización de los tests. El Ministerio de Sanidad no ha sido muy proclive a compartir datos oficiales sobre las enfermeras contagiadas y desglosar a nuestro colectivo dentro del total de sanitarios contagiados.

También les hemos reclamado que concretasen en qué puesto de trabajo estaban derivadas las enfermeras durante esta situación sanitaria tan excepcional. Y, muy importante para nosotros, que en las comisiones técnicas, tanto para la toma de decisión para hacer frente a la pandemia como para la desescalada, se cuente con un número importante de enfermeras. Por nuestra formación, experiencia y competencias sanitarias tenemos mucho que aportar.

A día de hoy, España necesitaría 125.000 enfermeras para poder prestar la asistencia en igualdad de condiciones que los países de la UE con economías similares.

Lo que ha quedado más que patente ha sido el alto grado de implicación y profesionalidad de los sanitarios. Pero lamentablemente otra cosa parece también haber quedado clara: la carencia de recursos en el actual Sistema Nacional de Salud.

Han dado más de lo que tenían, han empalmado días enteros sin descanso, jornadas maratonianas. Han respondido a la llamada de la sociedad a la que se deben. España presenta una media de 532 enfermeras por cada 100.000 habitantes, un valor que está muy lejos de la media europea que asciende a 852, según la OMS. España tiene, por tanto, un 38% menos de enfermeros que la media total de sus socios comunitarios y posiciona a España la quinta por la cola, empatada con Bulgaria y sólo por delante de Letonia (490), Chipre (412) y Grecia (341). A día de hoy, teniendo en cuenta el actual ratio de enfermeras/pacientes, España necesitaría 125.000 enfermeras para poder prestar la asistencia en igualdad de condiciones que los países de la Unión Europea con economías similares.

Miremos al futuro. Los expertos apuntan a que parece inevitable un nuevo rebrote del virus. ¿Qué podemos hacer a partir de ahora?

Desde luego, no olvidar las medidas de higiene, el distanciamiento social y todo tipo de medidas de prevención. Por otra parte, confiamos en que el desabastecimiento de equipos de protección -mascarillas, gafas, EPIs, guantes…- no vuelva a repetirse.

Por otra parte, se conoce mejor la enfermedad y los cuidados que requiere el paciente. Todos los científicos del mundo están trabajando en lograr una vacuna y un tratamiento. Eso también debe dar sus frutos.

¿Qué debemos aprender de todo esto? ¿Qué aciertos y errores hemos cometido?

Aunque ya se desprende de respuestas anteriores, por una parte, esto ha servido para que la sociedad valore a sus profesionales sanitarios, y la importancia que tiene contar con un sistema sanitario público, universal y bien aprovisionado. También hemos observado que el sistema es más flexible y permeable de lo que cabría pensar. Quiero decir que se han rediseñado hospitales enteros para ampliar las UCIs, los profesionales de Primaria se vieron en unos días trabajando en el hospital de Ifema, se han reorganizado roles y horarios… y todo eso se ha hecho con diligencia y eficiencia.

Pero la clave es, como siempre, la profesionalidad, la formación y la entrega de nuestros sanitarios, el gran valor de la sanidad, sin duda, son sus profesionales, y entre ellos las y los enfermeras/os.