Marzo – 2021

Entrevista

Entrevista coronavirus

Lo más importante, en el caso de Gonzalo Rodríguez, es su afán por desenmascarar la zafiedad del mundo actual, dominado por el bienestar material, tan frágil y pasajero, como por la desazón y la desorientación individual y social. El vacío. “El argumento de la vida -subraya- no es ser feliz ni pasarlo bien, es conquistarse a sí mismo. Y todo lo demás se dará por añadidura”. Eso es lo trascendental. El mito, la leyenda y la tradición serán la única puerta de salida a tanta oscuridad. Abrirla o no depende de cada uno de nosotros.

Gonzalo Rodríguez es doctor en Historia y ha publicado ‘El poder del mito’ (Almuzara, 2020). Además, es autor de los ‘Celtas: Héroes y Magia’ (Almuzara, 2019) y recientemente ha publicado ‘Pandemia y confinamiento: el retorno de los dioses fuertes’ (Editorial Eas, 2021). Puedes seguirlo a través del blog ‘La Forja y la Espada’ y ‘El Aullido del Lobo’

Comencemos hablando de esa “bancarrota espiritual”, una idea que deslizas de forma reiterada en el libro y que condensa muy bien tu línea argumental. En realidad, significa ese transitar de la tradición a la modernidad y, por tanto, a la vulgaridad, a la mediocridad, al desasosiego y a la estupidez, propios de este tiempo. Entonces, ¿por qué es importante recuperar ahora el mito y la tradición? ¿Por qué es necesario hablar ahora de esos valores sin que chirríe?

Bueno, pues porque yo creo que se están consumando las consecuencias del despliegue de la modernidad. La modernidad ha acabado coagulando en dos cosas. Por un lado, un desarrollo científico, económico-técnico, socio-económico, de altísimo nivel y alto grado, que nunca antes habíamos conocido. Esos logros materiales, en el ámbito de lo necesario, de lo contingente de la vida humana, han de ser puestos en valor. Pero, ¡ojo!, conforme se ha producido ese progreso material, hemos llegado a una situación de bancarrota espiritual sin precedentes. Estamos en el momento más oscuro, espiritualmente hablando, de la historia de la humanidad. Es por eso que estamos en un escenario, como señalo en el libro, de progreso decadente. Al progreso material, económico-técnico y científico le ha acompañado la decadencia espiritual. Como nunca antes, es necesario reencontrarnos con la sabiduría que hubo en la humanidad en el ciclo tradicional premoderno. Una sabiduría que transciende lo religioso, que no está constreñida a lo confesional, a lo dogmático o lo clerical. Es el momento reencontrarnos con la tradición, la tradición con mayúsculas.

Y aquí, el pensamiento mítico y la leyenda juegan un papel fundamental, siempre y cuando sepamos acercarnos a ella. El mito y la leyenda nunca hacen referencia a la literalidad de las cosas, nos están hablando de las verdades de la vida, que son precisamente las que la modernidad ha querido sacar de la ecuación. La modernidad ha descabalado el tablero de la vida humana, lo ha partido en dos. Es la manera de ver las cosas sólo desde el punto de vista material, económico-técnico y cientifista.

La vida humana sigue siendo misteriosa, un camino de aprendizaje y autoconocimiento. No resolvemos el misterio de la vida simplemente con la consecución del bienestar material… Hemos caído en el nihilismo

Entonces el tablero hay que recomponerlo, y para recomponerlo hay que recuperar esa sabiduría ‘suprareligiosa’ y espiritual que el mito y la leyenda pueden aportar. En el mito habría una especie de motor, de idea fuerza que apunta y dirige hacia los sentidos superiores de la existencia humana, que, al fin y al cabo, tienen que ver con la conquista de uno mismo, con el autoconocimiento, con la capacidad de autorregularse, gobernarse y dirigirse, y relacionarse con el mundo, no como si éste fuera un montón de cachivaches que tienes que aprovechar y utilizar, sino como si todo estuviera interconectado, vinculado a la saga humana y a la saga personal de cada uno. La vida sigue siendo misteriosa. La vida humana sigue siendo un camino de aprendizaje y autoconocimiento. No resolvemos el misterio de la vida simplemente con la consecución del bienestar material. Por eso, yo afirmo que bienvenidos sean los logros económico-técnicos y científicos de la modernidad, pero que no me quieran hacer pagar por dichos logros con el nihilismo. Y eso es precisamente lo que ha pasado: hemos caído en el nihilismo.

Como subrayas en ‘El poder del mito’: “El problema de la modernidad no es lo que nos da sino lo que nos quita”. Y, al mismo tiempo, hablas de los logros técnicos y científicos. Así pues, ¿qué valor das entonces a la ciencia y a la tecnología en todo ese proceso?

La ciencia y la tecnología, insisto, son parte fundamental de la vida humana, pero están englobadas en la esfera de lo necesario y no en la esfera de lo importante. Necesitamos una casa, necesitamos unas ropas, necesitamos unos alimentos, y bienvenido sea. Pero no puede ser que por ese desarrollo de lo necesario nos olvidemos de lo importante, que al final siempre tiene que ver con la formación del carácter, la actitud, la personalidad, la nobleza, la grandeza de alma, el honor, la fuerza interior y la conquista de uno mismo, más allá de todos nuestros fantasmas y demonios.

El mundo moderno ha sacado de la ecuación lo más importante, lo más relevante y esencial del hombre, y ha creído que eso era un avance. Y el resultado ha sido una sociedad con un progreso económico y material ingente, que, repito, bienvenido sea, pero a costa de una bancarrota espiritual y un nihilismo materialista completamente desolador. Bien, pues frente a ese tablero descabalado, frente a esa mirada sesgada de la realidad hay que volver a las enseñanzas del ciclo tradicional, que encontramos en el mito, en la leyenda y en las grandes doctrinas de la tradición sapiencial.

Y apuntas que ese desarrollo hacia la modernidad tuvo lugar a lo largo de dos ciclos históricos en Europa: el ciclo tradicional pagano y el ciclo tradicional cristiano. ¿Qué significa eso?

Es muy importante esta idea. Occidente ha tenido dos grandes ciclos históricos: el ciclo tradicional y el ciclo moderno. El ciclo tradicional tiene un horizonte de sentido, de carácter metafísico. La vida después de la muerte. La presencia de lo espiritual en todas las cosas era el eje vertebrador del ciclo tradicional. Ahora estamos en otro ciclo: el ciclo moderno. El ciclo moderno deja atrás los horizontes de mirada auténticamente trascendente y saca de la ecuación los contenidos espirituales de la existencia humana.

Bien, pues el ciclo tradicional se divide en dos partes: el ciclo pagano y el ciclo cristiano. Ya en el ciclo pagano se producen caídas de nivel y anuncios del nihilismo. Cuando llega el cristianismo a Europa, en cierta medida, rectifica esas caídas, pero el ciclo cristiano también entra en su nihilismo. Sobre todo, hay que decirlo, a partir de la Reforma protestante se siembra el nihilismo dentro del ciclo tradicional cristiano, con la diferencia de que ahora no vendrá otro ciclo espiritual capaz de rectificamos. Así pues, iremos entrando paulatinamente. paso a paso, en el ciclo moderno en el que se producirá esa paradoja en la que la faceta de lo necesario de la vida se desarrolla frente a lo importante.

De forma indirecta vuelve a aparecer en escena el valor de la ciencia y la tecnología. Dios ha sido sustituido por el ciclo científico y, digamos, utilitarista.

Si, lo que ocurre es que a partir de la Reforma protestante se va desplegando en Europa la idea de que lo espiritual es puramente subjetivo y es una cuestión vinculada, única y exclusivamente, al individuo consigo mismo y, peor aún, vinculada a sus propias emociones y sentimientos, en lo que va a ser la caída de lo espiritual en el ámbito de lo irracional. Lo que hay que subrayar es que la vida humana tiene dos dimensiones: la de lo importante y la de lo necesario. Lo necesario, efectivamente, es respirar, ¿verdad?, pero a la vida no se viene a respirar; lo necesario es comer, pero a la vida no se viene a comer; lo importante será vestirte y vestir a tus hijos, pero al mundo no se viene a vestirnos. Diferenciar lo importante, lo necesario, es fundamental para volver a tener una visión completa y realista de la experiencia humana de vivir. Bien, pues lo importante estaba trabajado en el ciclo pagano y cuando entra en decadencia el cristianismo lo reflota, pero luego entrará en decadencia el ciclo cristiano y sin nada que lo reflote iremos abocándonos cada vez más al materialismo moderno.

La modernidad genera hombres y mujeres débiles como nunca antes los había habido. Hay un fracaso antropológico en la modernidad.

¡Ojo! estamos hablando del nihilismo materialista de la modernidad en Occidente. Pero hay que subrayar que el Islam, que es otro de los grandes entes de poder de nuestro tiempo, la gran civilización islámica, cae en otra forma de nihilismo, que es el nihilismo integrista, el de los obsesos de Dios, aquellos que sólo comprenden lo espiritual y lo tradicional en términos de dogmatismo integrista. Y eso es otra forma de oscuridad intelectual. La obediencia unilateral y dogmática. La palabra revelada. Y esa obediencia se traduce en integrismo. Estamos atrapados entre el nihilismo religioso que, por un lado, tenemos y que ha generado algunas corrientes del Islam y, por otro lado, el nihilismo materialista de Occidente. Bueno, pues de aquí se sale volviendo al sentido superior sapiencial de la tradición.

El dogmatismo elimina la libertad…

Es una forma de irracionalidad, es una forma de negar al hombre la posibilidad de gobernarse y conocerse.

Lo cierto, como bien recuerdas en ‘El poder del mito’, es que ya hay un buen número de corrientes de pensamiento que ya han reflexionado suficientemente sobre la pérdida de sentido del ser humano y sobre la sociedad desorientada en el mundo actual. Ese no es tu objetivo. Así pues, tu libro se convierte en una guía de referencia, casi de iniciación. En una primera piedra de recuperación.

Todo lo que hago va orientado hacia eso que tú has señalado: el retorno del espíritu, el regreso de la doctrina tradicional a la humanidad. No me dedico a otra cosa. Por supuesto que conocemos a los existencialistas, al psicoanálisis, a las distintas formas, desde la sociología, desde la psicología, que han hablado del nihilismo…

Es la respuesta ese vacío…

La respuesta a la desazón de la modernidad. No es una cosa que yo señale por primera vez. De hecho, lo digo en el libro. Hay personas más enjundiosas que yo que lo han analizado y han dicho lo que está pasando: El hombre moderno se caracteriza por ser débil. La modernidad genera hombres y mujeres débiles como nunca antes los había habido. Hay un fracaso antropológico en la modernidad. Y ¿cómo se sale de este? pues se sale volviendo a la más alta tradición sapiencial, que podemos encontrar en las más altas doctrinas espirituales y en las perlas de sabiduría del mundo del mito y la leyenda, si sabemos leerlos, que es lo que yo trato de hacer cuando hablo en el libro de distintas cuestiones, desde Ariadna abandonada en la isla de Naxos al ‘Poema de Fernán González’ o al romance del conde Arnaldos, o incluso a los mitos contemporáneos de Tolkien y la Tierra Media, ‘El Señor de los Anillos’, los Hobbits y Gandalf.

De los que hablaremos. Pero, ¿cómo transmitir todas esas ideas y enseñanzas a gente que en la actualidad vivimos en un mundo completamente opuesto? Coincidiremos en que la tarea no es fácil. Todo lo contrario, es un ejercicio muy complejo. Esa recuperación del mito, de la leyenda, de la tradición y del sentido humano exige una tremenda acción y comprensión individual y social.

Que sea complejo no significa que no deba hacerse, eso lo primero. Por supuesto, no podemos medir nuestras acciones por el grado de dificultad que estriban. Da igual, lo que debe ser hecho, debe ser hecho. Y, en segundo lugar, puede haber cierta dificultad, pero en cierta medida también es una gran oportunidad para una auténtica renovación espiritual. Los ciclos tradicionales han terminado. Se trata de hacer una regeneración espiritual, casi alquímica. Hay que hacer de este nihilismo moderno una oportunidad.

Vamos a una sociedad que va a quedar ‘reseteada’ de cualquier vínculo espiritual y tradicional, y que va a ser solo una sociedad de pura producción y consumo

¿Por qué, a pesar de ser difícil, puede hacerse? Porque los seres humanos seguimos siendo hombres y mujeres, seguimos siendo humanos y lo llevamos dentro. Algunos, obviamente, tendrán el alma completamente capada de tanto nihilismo moderno y todo esto les sonará a chino o les parecerá una gilipollez, pues que sigan su camino, pero aquellos que sí les haga eco en el alma, que despierten y reaccionen. Vamos hacia el ‘gran reseteo’. Vamos a una sociedad que va a quedar ‘reseteada’ de cualquier vínculo espiritual y tradicional, y que va a ser solo una sociedad de pura producción y consumo, en contextos de ideología postmoderna. Pues frente a eso, lo que hay que hacer es militar en la cruzada del Gran Despertar, hacer justo lo contrario. Y es por lo que yo, humildemente, disparo y lucho. Es lo que hay en los tiempos que corren. No puedes asumir la existencia a beneficio únicamente personal, habrá que estar en esta cruzada. Porque nadie que sea mínimamente consciente de lo profunda y misteriosa que es la existencia humana puede querer abrazar el ‘gran reseteo’ de la postmodernidad. Vamos hacia la posthumanidad. Bueno, pues conmigo que no cuenten.

Y en todo este proceso también avisas sobre el peligro de la adulteración y la banalidad que crece al cobijo de una industria pseudoespiritual, de falsa espiritualidad. Corrientes que pueden aprovecharse de ese vacío individual.

Vamos a ver, es que eso también lleva pasando desde hace mucho tiempo. A finales del siglo XIX y principios del XX empezamos a encontrar formas espurias de ocultismo de lo que se ha llamado ‘New Age’, ‘Nueva Era’. Por un lado, creo que puede haber buenas intenciones. El síntoma es positivo. Hay personas que no aceptan la aridez nihilista del mundo moderno y se hacen buscadores, pero en ese proceso de búsqueda se genera una adulteración, un desarrollo espurio de contenidos de altísimo valor, vinculados a la tradición, pero que son entremezclados con teorías modernas, con pura subjetividad personal e individual. Entonces hay que separar el grano de la paja.

No podemos caer ni en la deriva integrista ni en la deriva, entrecomillas, ‘New Age’ y, por supuesto, no queremos participar de la posthumanidad, que va a ser el espectáculo más lamentable, desde el punto de vista antropológico, que hayamos vivido nunca los seres humanos. Esa posthumanidad, ya está aquí. Postmodernidad, posthumanidad, gran reseteo son los últimos frutos de lo que supuso la desviación moderna, el pretender que el desarrollo económico-técnico tenía que pagarse con el desprecio y abandono de la dimensión espiritual. Bueno, pues si no queremos ese horizonte tampoco debemos equivocarnos ni en la trampa del integrismo ni en las divagaciones puramente sentimentales y emocionales.

Ahora me gustaría detenerme en el valor de la educación, aspecto que interesa, y mucho, a la FTO. Pero en la educación con mayúsculas, más allá del puro conocimiento utilitarista. Una educación incrustada en la sabiduría y centrada en la reflexión y el análisis, en la razón y en el por qué de las cosas. ¿Qué valor prestas a ese capítulo?

Uno de los padres de la tradición europea es Platón. En cierta medida, la filosofía en Europa no es, como se suele decir, más que notas a pie de página de la obra de Platón. Platón, maestro. Pues Platón dice que la actividad más política, profunda e importante de una sociedad es la educativa. La educación es lo más importante. Y la educación tendrá que entroncar con lo necesario, con aquella formación necesaria que permite al sujeto confrontar el mundo para ganarse la vida. Y tendrá que estar a su vez vinculada con lo importante, eso que a día de hoy ni se habla: la formación en la actitud, el carácter, la personalidad, el autoconocimiento, la capacidad de autoregularse y de gobernarse a uno mismo, la capacidad de focalizar la atención y ejercer el discernimiento, no ya sobre el mundo y las cosas que pasan, sino sobre nuestros propios pensamientos. Quien no se gobierne a sí mismo no será libre. Esa es la sabiduría con mayúsculas.

Aprender a aprender…

Claro. Siendo así, el panorama que tenemos ahora es realmente lamentable. ¿Por qué la educación ha sacado de la ecuación la formación de la persona? Se forma en el ámbito de las habilidades técnicas y profesionales que requiera, pero son sujetos de una increíble debilidad. Hay que decirlo, el hombre moderno es un sujeto tremendamente débil. El ser humano tiende a la debilidad por naturaleza. Bien, pues la doctrina tradicional trata de que sanes y te sobrepongas a las miserias humanas que te zancadillean, te limitan, te envilecen o te desvían.

Cuando sacas de la ecuación la curación del alma se genera una plaga de debilidad, queda una sociedad necia, débil, alienada, neurótica, envilecida, sectaria, enfrentada, demagógica y populista

En el momento en que sacas de la ecuación esa sanación, esa curación de tu alma ¿cuál va a ser el resultado? pues un tipo humano que se le da muy bien hacer dinero, pero que es una auténtica calamidad, ya sea consigo mismo o con los demás. Entonces, hay una plaga de debilidad. una sociedad necia, débil, alienada, neurótica, envilecida, sectaria, enfrentada, demagógica y populista.

Y, precisamente, sobre todo eso profundiza, a modo de brújula, algo a lo que dedicas un capítulo entero en ‘El poder del mito’: la literatura medieval española. Has subrayado que todos los españoles deberíamos conocer esas obras. Obras objetivas de tradición y oralidad y textos fundamentales para entender, entendernos y comprender todo este proceso.

Fundamentales. Gran parte de la herida que tiene España a día de hoy, espiritual, antropológica, casi identitaria y territorial, se puede sanar si nos reencontramos con la literatura medieval española, que, efectivamente, es un arte objetivo, no es meramente el fruto de la subjetividad de un autor que desarrolla con mayor o menor talento un relato, sino que ese autor es un canal a través del cual las verdades de la tradición, adoptando las vestiduras de la saga del Cid, de Fernán González, de las Mocedades de Don Rodrigo o del romance del conde Arnaldos, esas verdades de la tradición se manifiestan. La literatura medieval española es un tesoro despreciado y olvidado, en primer lugar, por los españoles, especialmente por el sistema educativo español. Una literatura que habla de un heroísmo interior, de quien supera las propias pruebas y desafíos que le pone la vida o su propia necedad. Bien, pues esas son las enseñanzas espirituales del camino del héroe, que aparecen indirectamente o a veces de manera palmaria en la literatura medieval española. Aquí hay un tesoro de sabiduría que hay que saber actualizar.

La literatura medieval española, despreciada y abandonada, es una puerta a la fuerza, al potencial heroico, al autoconocimiento y al reconocimiento de tu persona en la historia de España.

Por supuesto que no es fácil para un español contemporáneo coger el ‘Poema de Fernán González’, leerlo, entenderlo y ver qué hay de fondo, porque es que está escrito por hombres que pertenecían a otra órbita, hablando de un mundo que ya no existe. Acercarnos al ‘Poema de Fernán González’ o acercarnos a las ‘Mocedades de Don Rodrigo’ requiere de cierto ejercicio de preparación o de adaptación. Mi libro, ‘El poder del mito’, un poco ayuda a eso. Efectivamente, esos textos son una puerta a la fuerza, al potencial heroico, al autoconocimiento y al reconocimiento de tu persona en la historia de España, que esa es otra, la desvinculación del español con su propia historia y su propia tradición. Entonces, autoconocimiento y reencuentro con tu propia historia y con tu propia identidad. Eso está ahí, despreciado, abandonado. Pues ¡maldita sea!, hay que recuperarlo. Algunos nunca prestarán atención y, efectivamente, que sigan su camino; y otros no, a otros sí les hará eco. Esos son los que cuentan.

Y una última cuestión. Acabas de mencionar el papel del héroe y apuntas a que ahora, en este tiempo, es el momento del héroe. Partiendo de esa premisa, y para cerrar el círculo, ¿hacia dónde realmente nos encaminamos? ¿Y Europa?

Cuanto más se oscurece el camino, más necesario es el héroe. Cuanto más se avanza hacia la medianoche del mundo…

En la luz no es necesario el héroe…

Efectivamente, en la Edad de Oro, en el Satya Yuga, no es necesario el potencial heroico. El potencial heroico tiene que emerger en la Edad Oscura. Cuando Hesíodo nos habla de la caída de las cuatro edades, todas las tradiciones sapienciales nos hablan de esa caída en cuatro edades, nos habla de la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la Edad del Hierro. Ya estamos en la Edad del Hierro. Bien, pues dice Hesíodo, otro de los padres de la tradición europea, que llegada la Edad del Hierro aparecerá la raza de los héroes, que son los que pueden dar, entrecomillas, la vuelta a la tortilla. Son los que pueden hacer que la oscuridad de la Edad del Hierro gire y propicie el regreso a la Edad de Oro. El potencial heroico que he dicho antes. Entender qué significa, a qué hace referencia, cómo toma en primer lugar la formación del sujeto. Actitud, carácter, personalidad, autoconocimiento, autorregulación, gobierno de sí y luego capacidad de hacer encuentro, de hacer comunidad, hacer fuerza. Nunca como antes es necesario volver a entender ese ciclo de los héroes, es más necesario que nunca.

Y con relación a Europa, con relación a Occidente, pues la humanidad se va a dividir en dos. Hay una parte que irá al nihilismo, al gran reseteo. Hay una parte de la humanidad que abrazará el horizonte de la posthumanidad, de la postmodernidad, del nihilismo, que es nuestra aniquilación espiritual. Pero aparecerá otra parte de la humanidad que va a decir “conmigo que no cuenten”. Ese horizonte es autodestrucción, es necedad, es imposibilidad de saber quién soy. En la entrada al oráculo de Apolo en Delfos ponía “Conócete a ti mismo”. Bien, pues el dios de la luz griega nos va a señalar el “Conócete a ti mismo” frente a la necedad de la posthumanidad y del gran reseteo. Asumiendo que vamos a una situación que, como si fueran dos corrientes, se van a ir separando cada vez más. Y una de ellas, al final, tendrá que ser capaz de hacer de la otra una corriente marginal y secundaria. Yo considero que ese es el argumento de la vida en los tiempos que corren.