Septiembre – 2020

Entrevista

“La emisión de deuda cambia la naturaleza de la Unión Europea”

Siempre es satisfactorio que le reconozcan a uno su labor. Figura en el Top 5 de los eurodiputados más influyentes dentro de las políticas económicas…

Es verdad que uno no sabe muy bien cómo se elaboran estos rankings, pero siempre está bien que a uno le reconozcan el trabajo. En fin, se agradece.

Entremos en materia. Parece claro que el acuerdo de la UE -ese fondo de recuperación de 750.000 millones- significa un enorme paso adelante. Y puede parecer también evidente que o se daba ese salto cualitativo o el proyecto se iba directamente al abismo. ¿Es una manera muy extrema de interpretar lo ocurrido?

Es cierto que el proyecto europeo se ha ido construyendo en base a crisis, entre otras cosas porque forma parte de la propia naturaleza de la construcción de la Unión. De alguna manera, los Estados miembros deciden mancomunar algunas políticas, cuando ya son incapaces de gestionarlas de manera individual. Esa puesta en común suele llegar hasta los límites estrictamente necesarios para no socavar aún más nuestras sociedades, pero siempre son incompletas; y muchas veces esos avances generan distorsiones en otras áreas que quedan pendientes de europeizar en el futuro. Me gusta poner el ejemplo de la zona Schengen, que se entiende muy bien, dentro de Europa hay libertad de movimientos, pero después cada uno de los países tienen políticas de gestión de sus fronteras exteriores distintas. Esto, obviamente, es una incoherencia. No puede ser que dentro de Europa nos movamos libremente, pero que las fronteras exteriores sean distintas en cada país, porque una vez que entras en uno de los países del área Schengen te puedes mover libremente, pero si la regulación para entrar en cada uno de los países es distinta pues es un modelo que no tiene coherencia.

En esta crisis, a diferencia de lo que ocurrió hace una década, ha habido el apetito político suficiente para crear un instrumento fiscal mancomunado, que era un pilar del que adolecía especialmente la unión monetaria.

El proceso de construcción de la unión monetaria pues es algo parecido. Se empieza con la moneda común, con una serie de condiciones vinculadas al Tratado de Maastricht, a los Pactos de Estabilidad para garantizar que esa moneda común tenga una política monetaria única, pero seguimos teniendo políticas fiscales nacionales y esto, a su vez, tampoco es coherente. Pero es verdad que das un paso, ese paso resuelve una serie de problemas. Es decir, creas el área Schengen, resuelves una serie de problemas; creas la moneda común, resuelves una serie de problemas, pero te generan la necesidad de resolver otros. Ese paso te genera una serie de inconsistencias en otras áreas que necesitas abordar y solamente se abordan cuando es absolutamente necesario y cuando no hay otra solución. Ese quizá es uno de los problemas de la construcción de la Unión que responde a un proceso de construcción en base a crisis, y en cada una de esas crisis pues, por una parte, en la mayoría de la veces, das un paso adelante, pero no dejas de generar una insatisfacción por esa crisis que viene generada, a su vez, por esa inconsistencia ante las áreas de competencia nacional y europea.

Y en esta crisis, a diferencia de lo que ocurrió hace una década con la crisis financiera, pues ha habido el apetito político suficiente para crear un instrumento fiscal mancomunado, que era un pilar del que adolecía la unión monetaria especialmente. Y ahora se ha creado, es cierto que se ha creado de manera temporal, pero veremos a ver cuál es su desarrollo porque las medidas temporales casi siempre acaban cronificándose y esperemos que ese instrumento fiscal, que ahora nace, pueda cronificarse, no porque la crisis se cronifique, sino porque podamos tener un instrumento de política fiscal europeo que complemente las políticas fiscales nacionales, que seguirán siendo muy importantes, pero que además también complemente la política monetaria.

Un instrumento que llega para quedarse. Y un paso adelante en la construcción del proyecto europeo…

Sí, esperemos que venga para quedarse, haremos todo lo posible para que se quede. Es cierto que se crea de manera temporal, pero es verdad que la deuda que se va a emitir va a estar cotizando en los mercados financieros al menos hasta 2050-2058. Por lo tanto, habrá un activo europeo libre de riesgos, que es uno de los problemas de la unión monetaria, que no disponemos de un activo libre de riesgos europeo. Ahora lo vamos a tener y yo creo que su propia existencia debería generar las sinergías suficientes para mantenerlo, porque cualquier unión monetaria necesita ese activo libre de riesgos para incrementar la política monetaria. Pero también para tener una política fiscal anticíclica y, por lo tanto, hay razones de fondo que van a ayudarnos, y mucho, a mantener ese instrumento a largo plazo, a hacerlo permanente, que es lo que todos deseamos, porque la emisión de deuda ciertamente cambia la naturaleza de la Unión Europea, es un cambio trascendente en el diseño de construcción de la Unión, porque, además, como esa deuda tiene que ser amortizada en el futuro en base a recursos propios, la emisión de deuda genera la necesidad de tener más recursos propios, que es otro de los problemas que tenemos en la Unión Europea, porque en ausencia de recursos propios tendrán que ser los presupuestos nacionales los que vayan amortizando esa deuda en el futuro y, por lo tanto, aquellos países que hasta ahora han venido bloqueando el desarrollo de recursos propios comunitarios, ahora mismo tiene un coste evidente no aceptar el desarrollo de esos recursos propios.

Es decir, hasta ahora pues los países con sistemas fiscales laxos o que jugaban a hacer aflorar allí beneficios de otras jurisdicciones o de otras políticas tributarias que todos conocemos en algunos países, les han permitido, como digo, bloquear los recursos propios, pero en estos momentos si siguen bloqueando los recursos propios saben que tendrán que ser sus presupuestos nacionales los que amorticen esa deuda. Por lo tanto, ya tienen un coste evidente, algo que no existía hasta ahora.

La deuda nos permite además de ayudar a tratar de contener esta crisis nos va a ayudar a desbloquear el debate de recursos propios, y una vez que tengas una base de recursos propios disponible para ir amortizando esta deuda estará disponible también para amortizar deuda futura y, por lo tanto, aunque esta deuda sea temporal los recursos propios que vamos a diseñar para amortizar esta deuda esos sí que son permanentes. Y si tienes recursos propios permanentes pues tienes una base de ingresos también permanentes que te permitan seguir gestionando esa deuda pública europea en el futuro.

En mi opinión se trata del cambio más importante desde la entrada en circulación del euro y la constitución del Banco Central Europeo.

Precisamente, cuando asegura, como así lo ha reiterado, que el acuerdo cambia la naturaleza de la Unión Europea, hace justamente hincapié en la importancia de la deuda.

Sí, en mi opinión es el cambio más importante desde la entrada en circulación del euro y la constitución del Banco Central Europeo. Tener una moneda común con una política monetaria única para el conjunto de la zona euro fue un paso histórico, que adolecía, como decía antes, de un instrumento fiscal que te permitiera gestionar globalmente la economía de la zona euro, porque ahora mismo el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que seguramente estará a debate en los próximos años, lo que hace es intentar coordinar las política fiscales nacionales, pero en las políticas fiscales nacionales cada Gobierno ha intentado en estos años de funcionamiento del euro hacer sus políticas presupuestarias en el marco de Estabilidad y Crecimiento, pero es verdad que cuando consolidabas las 19 políticas fiscales nacionales y veías cuál era la posición fiscal agregada de la zona euro, que esto coincidiese o no con lo que la zona euro necesitaba era pura coincidencia. Esa consolidación de las políticas fiscales nacionales no tenían una coherencia con lo que la economía de la zona euro necesitaba en su conjunto, porque era una agregación de políticas fiscales nacionales.

Ahora, con este instrumento, lo que deberíamos tener es un instrumento presupuestario común que, no siendo extraordinariamente elevado en su cuantía, debería permitir ayudarnos a consolidar esas políticas fiscales nacionales de manera coherente con el ciclo de la economía de la zona euro. De tal manera que en estos momentos ese instrumento fiscal europeo haga más expansiva la suma de las políticas fiscales nacionales. Metes un chorro de financiación para poder reactivar la economía en estos momentos, pero en el futuro, si la economía de la zona euro pues está creciendo por encima de su potencial, habrá que ver cuál es el resultado de la suma de esas políticas fiscales nacionales, quizá sea más o menos expansiva de lo que necesitaría la zona euro. En realidad, tienes un instrumento para complementarlo por arriba o reducir la expansión, si es que se considera que sea muy elevada cuando la economía esté recuperada. Entonces, este instrumento es básico para tener una unión monetaria coherente, donde tengas una política monetaria del Banco Central Europeo única para la zona euro y tengas una política fiscal con los 19 países pero con un instrumento que te permita dar coherencia a esas políticas presupuestarias nacionales, que es algo que no teníamos y algo que echamos mucho de menos en la crisis anterior.

Y de alguna manera, por proyección directa, potencia las bases de una Europa más social. ¿Lo entiende así?

Te permite tener una Europa más social. Que Europa sea más o menos social dependerá de las mayorías políticas que haya, pero al menos tienes el instrumento para poder hacerlo. En España existe la Seguridad Social que, dependiendo de la identidad, de los valores o del espíritu del gobierno de cada momento, puede tomar decisiones más expansivas o menos, pero el instrumento lo tienes. Y, después, si hay un gobierno que decide reducir los gastos, pues obviamente puede reducir los gastos, y si otro gobierno quiere aumentar la perspectiva social que imprime la Seguridad Social o el propio presupuesto del país, pues puede hacerlo. Simplemente tienes un instrumento que te permite hacer cosas que antes no tenías, y dependerá de las mayorías políticas de cada momento fijar en qué medida se usa de una manera o de otra, pero, al menos, el instrumento existe. Algo que no teníamos, no teníamos esa posibilidad.

Si le parece detengámonos ahora en el capítulo de las contrapartidas y reformas que habrá que asumir a cambio de esa inyección. Lo que parece lógico es que la Comisión Europea quiera orientar ese dinero en virtud de sus objetivos, ¿Cómo interpreta las medidas que necesariamente el Gobierno de Sánchez tendrá que tomar?

Todos estamos de acuerdo en que la Unión Europea tendrá que seguir avanzando y que necesitamos una Unión cada vez más estrecha, como dice el Tratado. En esa unión cada vez mas estrecha del gobierno de la Unión, la Comisión ha ido adquiriendo cada vez un carácter más político, de hecho la Comisión Juncker era una Comisión más política, la Comisión de Von der Leyen es más geopolítica y geoestratégica. Entonces, en una unión política, el gobierno, que se legitima en las elecciones europeas, pues tiene una serie de prioridades políticas, como ocurre con el Gobierno de España.

Así pues, en una Unión Europea donde la unión política sea cada vez más estrecha, si la Comisión Europea va a poner dinero en circulación, va a emitir deuda y esa deuda va a ser amortizada con recursos propios europeos, pues es legítimo que la Comisión oriente ese dinero con las prioridades políticas que la propia Comisión establece y esto es lógico. Podemos evaluar después políticamente si esas orientaciones nos gustan o no nos gustan, quiero decir que si la Comisión es más conservadora o más liberal o más socialdemócrata imprimirá una orientación a esa financiación derivada de los principios o de los objetivos estratégicos que se marca, en este caso, el Gobierno europeo.

En estos momentos, tenemos una Comisión que está comprometida con el cumplimiento de los acuerdos derivados de los Acuerdos de París de lucha contra el cambio climático, tenemos una Comisión que quiere mejorar la digitalización de la economía europea y que, además, derivado de la crisis del coronavirus, pero no solo, empieza a generarse un cierto debate sobre la necesidad de recuperar cierta autonomía estratégica de la Unión Europea, no solo en términos de Defensa o de política internacional, sino también en términos industriales o sanitarios, como hemos visto en esta crisis. De tal manera que a los dos principios con los que esta Comisión nació, que orientaba su política fundamentalmente hacia la digitalización y el cambio climático, se ha venido a sumar un tercero, al que han llamado resiliencia, autonomía estratégica, que de alguna manera va a imprimir carácter a la manera que esos fondos se van a gastar, y yo creo que existe una legitimación política en la medida que hay una Comisión, respaldada por un Parlamento, que tiene una serie de prioridades políticas, que va a emitir una deuda que va a tener que amortizar con recursos europeos futuros y, por lo tanto, ese marco es consecuente con que esa financiación se gaste en el marco de las propias prioridades del ejecutivo europeo.

La Comisión Europea ya recomendó a España la mejora en la digitalización, el avance en la lucha contra el cambio climático, la mejora del sistema educativo o la reducción de la dualidad del mercado laboral.

¿Esas medidas que deberá asumir el presidente Sánchez pueden entrar directamente en contradicción con los acuerdos y compromisos políticos contraídos por el Gobierno, por ejemplo en el caso de Bildu?

La actividad política parte de la concepción de que en una sociedad siempre hay un conflicto político, y ese conflicto se intenta resolver a través de la democracia, donde votamos. Se eligen unos diputados que sostienen un gobierno con una serie de prioridades. Y en un Estado compuesto, como es el español o el europeo, pues obviamente conviven responsables locales con responsables autonómicos con responsables nacionales y europeos, cada uno de los cuales tiene un ámbito de competencias más o menos definido, un ámbito de recursos propios, un ámbito de transferencias, de recursos entre unas instituciones y otras, y una legitimidad que surge en cada una de esas instituciones de sus propias funciones, y, por lo tanto, ahí cabe una negociación y un debate político que es la base de la democracia.

Yo lo que entiendo es que el Gobierno de la nación elaborará un programa de reformas, de proyectos de inversión que, como pide la Comisión, sea consecuente con los objetivos estratégicos de la propia Comisión y consecuente con las recomendaciones específicas que la Comisión hace para cada uno de los países, y yo creo que en este debate es conveniente revisar qué es lo que recomendó la Comisión esta pasada primavera a España, y las recomendaciones van ligadas a la mejora de la digitalización, al avance en la lucha contra el cambio climático, a la mejora del sistema educativo, a la reducción de la dualidad del mercado laboral. Hay una serie de recomendaciones de la Comisión y en base a esas recomendaciones para España el gobierno de turno tendrá que ver cuál es el encaje de su agenda con la agenda europea y ver en qué medida hay un espacio, que obviamente lo hay, de acuerdo.

Por lo tanto, yo no adelanto mayores problemas en nuestro país que en otros. El Gobierno español tiene una mayoría parlamentaria que le respalda y en base a esa mayoría establecerá sus prioridades que tienen que buscar el espacio de acuerdo con las prioridades europeas. Yo, ciertamente, no estoy preocupado, entre otras cosas porque la condicionalidad de la que estamos hablando en estos momentos es bien distinta a la condicionalidad que vivimos en la crisis anterior, porque en la crisis anterior no teníamos un instrumento fiscal. Se tuvo que crear una institución, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, que sigue ahí, que de alguna manera repicaba el funcionamiento del Fondo Monetario Internacional. El Mecanismo Europeo de Estabilidad es una institución multilateral, no es una institución comunitaria, y en las instituciones multilaterales, como el propio FMI, cada uno de los socios tienen sus derechos, su capacidad de voto y su capacidad de veto, y esa institución lo que hace es proveer un crédito sujeto a una condicionalidad para maximizar la probabilidad de devolución de ese crédito.

En estos momentos estamos hablando de otra cosa, estamos hablando de una institución comunitaria. Esa emisión de deuda es deuda comunitaria respaldada por todos los europeos, no ya por los Estados, sino por los propios ciudadanos, que serán quienes tengan que amortizar esa deuda a través de esos nuevos recursos propios, que pagaremos todos, y hay una institución comunitaria, que es la Comisión, respaldada por el Parlamento, ante el que tiene que dar cuentas, de tal manera que la naturaleza de lo que estamos haciendo ahora es muy distinta a lo que se hizo hace diez años cuando no hubo el apetito político suficiente para crear un instrumento fiscal consolidado, que es lo que hemos creado ahora, y, por lo tanto, habrá debate entre la Comisión, el Gobierno, como lo hay en nuestro país entre el Gobierno central y las comunidades autónomas, a veces ese debate transita por cauces razonables, y otras veces no tanto, pero bueno es la naturaleza de las cosas.

Por contra, ha subrayado también que el presupuesto ordinario de la UE, al que está ligado este acuerdo, no crece en inversión como debería, especialmente en capítulos tan transcendentales como la educación, la investigación, la sanidad o la cooperación al desarrollo. ¿Podría concretar más?

Si, bueno, en primer lugar quiero trasladar que el acuerdo del Consejo Europeo, que ciertamente es un acuerdo histórico, no está cerrado al cien por cien, ese acuerdo no es la última palabra. A la vuelta del verano habrá una negociación con el Parlamento. Y dónde tampoco hay la última palabra es en el acuerdo sobre el presupuesto ordinario, porque el presupuesto ordinario tiene que ser aprobado por el Parlamento europeo y ya ha dicho que el acuerdo del Consejo Europeo para el presupuesto no es aceptable tal cuál está y, por lo tanto, exhorta al Consejo a iniciar las negociaciones para lograr un presupuesto que el Parlamento puede aprobar, porque lo que salió del Consejo no va a poder ser aprobado, porque ni el grupo socialista ni el grupo popular ni el grupo de los antiguos liberales ni los verdes están dispuestos a aprobarlo, es decir, hay una mayoría muy amplia del Parlamento que quiere revisar el acuerdo político del Consejo en la parte presupuestaria.

Si uno ve el resultado del acuerdo, en primer lugar tenemos que decir que lo que pretendían los países denominados frugales ha salido absolutamente derrotado. Estos cuatro países no querían un instrumento fiscal consolidado. Cuando acabaron por aceptar que estaban en absoluta minoría querían que ese instrumento tuviese menos financiación, y cuando vieron que tampoco tenían capacidad para reducir la financiación del fondo querían que todo fuesen créditos, de tal manera que las peticiones de estos gobiernos han ido perdiendo espacio, lo cual es lógico en una democracia, cuando 23 países de 27 están a favor de ese fondo, cuando la Comisión está a favor de ese fondo y cuando el propio Parlamento también lo respalda. Entonces, ¿qué han conseguido estos cuatro países? Pues fundamentalmente aumentar sus cheques, aumentar aquella parte que ellos se quedan del presupuesto europeo, es decir, de lo que les tocaría pagar en el presupuesto europeo. El cálculo de mis contribuciones es demasiado elevado y quiero un cheque que me permita aportar menos. Y el resto de los socios europeos han ido admitiendo esta cesión, con la que el Parlamento no está de acuerdo. Al final, los países frugales han conseguido aportar menos, han aceptado ese instrumento, pero han logrado aportar menos, aparte de los debates sobre la gobernanza que siguen en discusión en el Parlamento.

Y, por otra parte, lo que uno ve es que de los 750.000 millones de euros que se emiten deuda, en la propuesta de la Comisión la parte destinada a ayudar a los Estados miembros eran unos 560.000 millones, de tal manera que el resto iba a alimentar programas ordinarios de la Unión. Es decir, ahí había una parte de esa deuda que iba a fondos de cohesión, que iban a los fondos de transición justa, al fondo de desarrollo rural y a otra serie de políticas comunitarias. Entonces, lo que sale del acuerdo es que, por una parte, los autodenominados frugales aumentan su cheque y, por otra parte, los países más interesados en financiar la recuperación conjuntamente han logrado incrementar la parte para el instrumento de recuperación de esos 750.000 millones, de tal manera que si la propuesta de la Comisión lo cifraba en 560.000, para tener más margen para destinar deuda a programas comunitarios, el acuerdo lo ha situado por encima entre los 600.000 y los 650.000 millo nes, de tal manera que ahora el grueso de esa emisión de deuda se va destinar a los países en base a sus programas de reformas y de inversión. Entonces, el acuerdo del Consejo refleja, como no podía ser de otra manera, los intereses de los gobiernos nacionales, unos para aportar menos y otros para conseguir canalizar más dinero europeo para sus presupuestos nacionales.

Lo que también ha ocurrido es que los programas estrictamente comunitarios se han adelgazado. Tenemos una Europa más fuerte con el acuerdo, pero los gobiernos han ido arrimando más dinero hacia sus presupuestos nacionales.

Lo que ha ocurrido es que los programas estrictamente comunitarios se han adelgazado, es decir, tenemos una Europa mas fuerte con el acuerdo, hemos casi duplicado la capacidad financiera de la Unión Europea para los próximos años, hemos conseguido que haya más recursos propios, pero la parte menos buena del acuerdo es que para lograr ese paquete lo que al final ha ocurrido es que los gobiernos han ido arrimando más dinero hacia sus presupuestos nacionales, ya sea vía cheque o vía instrumento de recuperación, lo cual entiendo que España o que Italia, los países que necesitamos mas pulmón financiero para responder a esta crisis hayan preferido, obviamente, obtener más dinero para gestionarlo. Pero hemos visto como Erasmus Plus no crece lo que debiera; que Connecting Europe Facility, el proyecto para mejorar las infraestructuras europeas, tampoco; que Horizonte 2020, que es donde se concretan los esfuerzos para mejorar la innovación, caiga; que el fondo de transición justa, que es una política comunitaria, crezca menos de lo que debiera. Entonces, se han ido adelgazando lo que son políticas estrictamente comunitarias y, por lo tanto, el Parlamento lo que va a hacer es entender que es un gran acuerdo, cambia la naturaleza de la Unión, nos felicitamos, va en la línea de lo que el Parlamento haba exigido en mayo, responde a la propuesta de la Comisión, pero este incremento tan importante del presupuesto no puede ir solo a políticas nacionales, tiene que ir también a las políticas estrictamente comunitarias, que son las que además construyen Europa y, por lo tanto, el Parlamento va a intentar renegociar el presupuesto para mejorar todas estas partidas, incluso dirigirlo a una unión sanitaria o a minimizar y luchar contra la fragmentación del mercado único derivado de la aplicación de las ayudas de Estado, que ha quedado a cero. Quiero decir que hay una serie de políticas que son muy importantes para la Unión Europea, de las cuales el Parlamento hace bandera, y abriremos las negociaciones con el Consejo para mejorar esa situación.

¿Y los defensores de una Europa cada vez más consolidada y potente deberían estar preocupados por esa circunstancia? ¿Usted lo está?

La preocupación transcendente en todo este debate es que no tuviéramos instrumento fiscal y esto lo hemos resuelto. Ciertamente es un paso histórico, un cambio transcendental en la Unión y creo que esa es la visión general de lo que se ha hecho en los últimos meses en el Consejo, en la Comisión, en el Parlamento, y no deberíamos distraernos en estos momentos del gran titular. Pero es verdad que detrás de ese gran titular hay una serie de cosas que no nos gustan, la vida es así, nada es perfecto. Lo que hemos visto es que los gobiernos han aceptado esa emisión de deuda conjunta, ese atarse las manos conjuntamente, pero es verdad que también se ha cerrado más dinerito para nosotros, lo cual es lógico, no podemos esperar otra cosa del Consejo.

Lo que se espera de la Comisión y del Parlamento es que hagamos lo contrario, que estando todos de acuerdo en duplicar el presupuesto, defendamos los programas estrictamente comunitarios, y eso es lo que vamos a hacer, porque en ausencia de nuestro esfuerzo pues sí que puede haber una fragmentación con independencia de que tengamos más financiación común. Es decir, nuestro trabajo está legitimado y es el que vamos a hacer y veremos a ver en los próximos meses cómo acaban de encajarse todas las piezas. La naturaleza del Consejo es lo que ha hecho, va en su propia naturaleza, reconociendo, como digo, el paso histórico que han dado, que es aceptar esa emisión de deuda conjunta, que es un paso similar a cuando aceptaron renunciar a las políticas monetarias nacionales, es algo parecido, pero obviamente las instituciones comunitarias, la Comisión y el Parlamento, tendremos que moldear cómo se va a ejecutar esa financiación, cómo van a encajar las piezas de esta operación para los próximos años.